La Navidad tiene un sabor particular; por supuesto que sabe a pierna y a salsa de champiñones, a tamales, romeritos y bacalao; pero les aseguro que no les sabe igual la torta de pierna de un lunes cualquiera de mayo, a la del recalentado del 25.
Ese sabor se lo dan las manos de las mujeres que, como las de mi familia, se meten a la cocina con un propósito y objetivo: agasajar y halagar a sus seres queridos con deliciosos platos; se les puede ver determinadas con las marinadas y el cucharón preparando un manjar digno de Dioses.
Y es que la cena del 24 tiene algo que la hace cien veces mas deliciosa; algo pasa en este día que las madres, abuelas y tías se convierten en chefs dignas de unas cuantas Estrellas Michelin.
Cada detalle es cuidado; la mesa debe ser perfecta, hermosas copas reflejan las luces del árbol y una delicia tras otra va impregnado con su aroma el ambiente.
Es la fecha mas importante del año desde el punto de vista culinario. Los platillos mas deliciosos son reservados para esa fecha; para este día tan especial en el que, estamos todos.
En mi casa cocina mi mamá y mi tía favorita; antes lideraba mi abuela pero tiene ya unos años que permanece en la sala con los jóvenes que cada quien en lo suyo esperamos que todo este listo; los mas pequeños son los que ayudan pelando almendras o colocando el pan y la mantequilla. Nos llaman a ocupar nuestros lugares en la mesa y el festín sensorial comienza.
La atmósfera cálida que provocan las ventanas y puertas cerradas, las luces del árbol, las risas de los primos, el pan tan suave, los taninos del vino que invaden las bocas, y entonces el primer bocado te evoca lo bien que se ha estado en otras navidades, lo bien que se esta en esta, lo mucho que significan las personas que te acompañan en la mesa. Es aquí cuando comprobamos que la comida es punto de encuentro. Significamos con superstición el alimento para invitar la abundancia y la buenaventura a nuestras casas y para nuestros seres queridos.
La navidad esta cargada de significado, religioso, social y cultural; pero este año, esta Noche Buena enfoquemos un poco de nuestra atención al amor con el que viene cargada nuestra cena; que sea alimento para saciar el apetito, para deleitar el paladar y también para fortalecer los lazos y sanar el alma.
Ese es el sabor de la Navidad, se que como yo lo han experimentado así que los invito a apreciarlo, compartirlo y rememorarlo cuando sea necesario.
A todos las mujeres que entran hoy a la cocina, mil gracias por todo ese amor. A todos los que trabajan hoy en algún restaurante, animo y muchas gracias. A todos ustedes ¡Muy feliz noche buena!

