Ese día me desperté temprano, me alisté y me fui a Valparaíso. Yo vivía en la calle San Martín en Viña del Mar así que solo tenía que caminar unas cuadras y en Libertad tomaba el transporte rumbo a Valpo.
Me fui a despedir de Valparaíso. Caminé por las mismas calles por las que lo hice en el primer tour por Valpo; subí en el ascensor Reina Victoria, y me dirigí hasta el letrero de We Are Not Hippies We Are Happies en la subida Templeman, de ahí me fui a recorrer mi mirador favorito El Paseo Atkinson, caminé hasta el paseo Yugoslavo y por último llegue al Gervasoni; bajé por la escala y me senté a despedirme. Estuve cerca de una hora en ese lugar – Es solo un hasta luego – Me decía. Me fui a Fauna y mi última comida en Chile fue una hamburguesa con una cerveza y vista hacia Av. Alemania.
Regrese a Viña del Mar y partí con Fernanda una de mis Housemates que afortunadamente se regresaba a México en el mismo vuelo que yo.
Nunca se lo dije y probablemente nunca se lo diga pero ese día me conectó con ella por siempre; Fernanda y yo no éramos las mejores amigas, incluso discutimos un par de veces y tuvimos también un gran pleito; pero ese día no sólo era mi compañera de casa, no sólo era mi amiga, era alguien que estaba sintiendo lo mismo que yo; ese desconcierto de no saber cómo iba a ser la vida después de Chile, esas ganas de llorar ahogadas por la prudencia y esa tristeza inmensa de que la aventura, al menos esa, había terminado.
Nunca se lo dije y tal vez nunca se lo diga porque como les cuento, nuestra relación “es complicada” pero Fer, te quiero profundamente y te agradezco haber estado conmigo ese día. Sin ti creo que me hubiera derrumbado en algún momento de ese 22 de Diciembre en el regreso a México.
Hace un año volví de Chile y este año ha sido ¡tan complicado!, llegó la depresión post-viaje y con honestidad y un poco de vergüenza les cuento que la primera mitad del año me la pasé queriendo volver y la segunda la he llevado tratando de ser lo más funcional posible y buscando la forma de volver.
No se que tiene Chile que nos marcó; no se si a todos pero a mi generación de movilidad (intercambio) sí que algo nos pasó; se al menos de un par de personas más que se sienten como yo, con esta sensación de que la verdadera vida allá se encuentra. Veo a los que volvieron de movilidad de Chile una generación antes de la mía y los que volvieron una después y no veo ese apego que nosotros generamos por Chile y por Valpo; incluso los que vivían en Santiago ese semestre generaron una profunda conexión con todo lo que es Chile.
Hace un año volví de Chile y lo extraño con todo mi corazón; me gusta tumbarme en mi cama poner a Los Jaibas e imaginarme en el jardín de la ex-carcel con las jacarandas haciéndome sombra. Evocar es mi actividad favorita estos días.
Muero por hacer mi siguiente viaje a otro país que con suerte me arranque a Chile de las entrañas y si ningún lugar del mundo lo hace, pues… habrá que volver.
Este post va dedicado a todos los que como yo extrañan Chile con todo su corazón; no están solos.
Pablo Neruda tiene una frase que me encanta; Amo el amor de los marineros que besan y se van. A mí Chile me beso los labios y la que se fue, fui yo.

